DON MIGUEL OYARZO: UNA VIDA DE TRABAJO, UNA HISTORIA DE VIAJE EN EL TIEMPO

22/10/2018
DON MIGUEL OYARZO: UNA VIDA DE TRABAJO, UNA HISTORIA DE VIAJE EN EL TIEMPO

José Miguel Oyarzo Soto, es oriundo de Puerto Varas, pero gran parte de su vida adulta vivió en Coyhaique y por cosas del destino terminó llegando a las Guaitecas a la edad de los 40 años. Ya casado desde los 20, “Don Miguel” (como le dicen sus colegas), llegó en la década de los 80 a la isla Ascensión conociendo y enamorándose de la bella Melinka, donde se estableció y trabajó en diversas labores.

Desde su arribo a la isla, Miguel ha demostrado una gran sentido de pertenencia y ha trabajado para varias administraciones municipales, pasando por trabajos desde la creación de calles, hasta siendo pionero en la construcción del camino a Repollal, pasando por la creación de la posta, hasta la construcción del edificio municipal que hoy se está interviniendo.

Miguel, sin duda, con esa calmada mirada que ya cumple 78 años, ha visto el progreso y desarrollo de su isla querida. Forjó su familia y hoy se transforma en una de las personas más longevas que trabajan para el municipio, siendo el más antiguo de nuestra planta eléctrica. Es por eso que quisimos conocer su historia, ya que sin duda su relato es un viaje en el tiempo que nos llama a la reflexión.

De esta forma, conversamos con él sobre el pasado de la isla, la evolución de ésta con la llegada de la electricidad y como prevé el futuro frente a esta nueva planta eólica que hoy se construye en los montes de “La Más Querida”.

Don Miguel, Cuéntenos ¿cómo llegó a la isla?

Yo vine a trabajar a la isla para la construcción de la Posta, me vine de Coyhayque, estuve 25 años viviendo allí. Trabajaba en el hospital en ese tiempo, en mantenimiento, arreglando máquinas, estaba a cargo de la lavandería, del aseo, las calderas, etc.

De ahí usted se vino para acá, ¿a qué edad fue eso?

Yo en ese tiempo… había nacido en el año 40, tendría como 41, me viene el 80 o 81. Primero me vine a trabajar en la municipalidad, cuando se estaba haciendo la municipalidad, vine hacer los trabajos de gasfitería, alcantarillado y la luz. Después me fui pa’ Coyhaique, cuando terminamos ahí, con el jefe de obra que había, dejamos cuadrado la escuela. Después de eso, yo me fui para Coyhaique a trabajar a una empresa, porque andaba de vacaciones y después me retiré del hospital y entré a la empresa. Esa empresa me mandó a hacer la posta. Ahí estuvimos trabajando en construir la posta, traje maestros y yo me vine como jefe de obra.

¿Y después se estableció aquí en Melinka?

Claro, empecé a trabajar hacer contratos con la municipalidad, con el alcalde que había Don Giglio. Muy poco tiempo trabaje con ese alcalde, porque después se fue y quedó el alcalde Eduardo Manosalva, y con él empecé a trabajar en el tractor, cuando no había tractorista yo lo reemplazaba y empezamos a hacer las calles primero. Pero antes de hacer las calles, trabajé en la construcción de la municipalidad en el año 81, antes los municipales trabajaban donde ahora está la biblioteca (…)

Una vez terminada la municipalidad comencé a hacerles trabajos particulares, me pagaban por boletas de servicios, después terminé la posta y me quedé trabajando con el señor Manosalva. Empezamos haciendo calles, porque antes no había calles, había huellas no más y los postes de luz estaban en medio de esas huellas.

Recuerdo que la primera vez que yo vine, me vine en una avioneta de tres pasajeros del señor Ernesto Hein Águila, y para venir del aeropuerto hasta acá era pura tierra y pasto, y no había camino para venir, porque había una huellita, en medio de un monte. ¡Pura ramazón y monte! y si uno se perdía, ahí no más quedabas, no te podías perder.  Entonces, uno cuando se acuerda de todas estas cosas y mira cómo está hoy día la municipalidad, las calles, no tiene nada que ver como cuando uno recién empezó acá.

Después yo empecé hacer las calles y tuve gente que me ayudaba a trabajar en ellas, me acuerdo de un hombre que trabajó harto conmigo en la construcción de las calles y que trabaja ahora cuidando el campo de don Luis Miranda, el tal Soto, él trabajó harto conmigo. Así llegó uno de mis hijos y con él trabajábamos también. Hicimos hartas calles: Lagresse, Los Chonos, todas esas calles de allá abajo.

¿Era muy sacrificada la vida antes?

Mucho, mucho. Hoy día tenemos barcaza a cada rato, antes teníamos cada 8 días, pa’ bajarse había que bajarse en bote, no había mulle… nada.

Cuando venimos a construir la posta tuvimos que traer toda la madera de Coyhaique, el cemento, traíamos 300 bolsas de cemento. Teníamos que tirarla al mar bajarlas en una chalupa en el muelle y con el tractor tirándolo pa’ arriba, teníamos el gimnasio ocupado como tres meses lleno de madera, de cemento, de material, porque no había donde más dejarlo

¿Desde qué año trabaja aquí en la planta?

Yo entré el 96, antes trabajaba haciendo reemplazos, porque había otras gentes. Yo me acuerdo que entré el 96 y tenía un ayudante que era un hombrecito jovencito de apellido Quintallana, hermano de José y Manolo, ese hombre trabajaba conmigo aquí hasta que tuvo un accidente: su casita se quemó y él se quemó adentro.

Una pérdida lamentable…

Sí, una pena sin dudas… Él trabajaba como ayudante mío, pero no alcanzó a trabajar mucho tiempo cuando murió. En las casitas que están donde están los marinos.

Y Me puede contar en qué consistía antes su trabajo en la planta.        

Aquí en la planta antes, cuando recién empecé, daba la luz en la noche y en la tarde encendíamos el motor y dábamos la luz. Resulta que después yo manejaba el tractor, reemplazaba al chofer que siempre viajaba a comprar repuestos. Trabajaba de tractorista en el día y daba la luz en la noche. Trabajaba hasta las 11 o las 12 de la noche, que se daba la luz, y al otro día a las 8 de la mañana estaba trabajando de tractorista. Cuando me refiero a tractorista me refiero a sacar la basura… el tractor hacía todo ese trabajo porque era la única máquina que había aquí.

¿Cuantos generadores tenía la planta antes?

Siempre ha tenido dos, ahora tiene cuatro.

Ahora que hace aquí, ¿en qué consiste su trabajo?

Ahora el trabajo es un poquito más aliviado, tomo los estado de la luz de las casa, con otro compañero, él toma un sector y yo tomo el otro.

¿Cómo ha visto el progreso de la comuna desde que hay luz?

Un cambio de mil por ciento. Se nota en toda la maquinaria que hay, en cómo se ha hecho. Nosotros antes, cuando ya se contrató a unos de mis hijos y después al otro, teníamos una oficinita pequeñita y al lado estaba el motor generando luz ¡Imagínese cómo quedaban los oídos! Y ahí trabajamos nosotros, teníamos que hacer el horario, y al otro día teníamos que alistar los motores, ver los problemas de luz, los cambios de ampolletas, luminarias. Había que trabajar al otro día después de que salíamos de ahí, con la cabeza abombada de tanto ruido.

Una vez fuimos a instalar un generador y dejaron el tubo de escape afuera  y quedó pegado al alero, agarró fuego y se quemó. Con los bomberos  y como pudimos notros lo apagamos. Una generador alcanzamos a apagar, el otro ya no alcanzamos. Uno se quemó harto, pero tuvo arreglo y el otro estaba generando medio fuego. Lo alcanzamos a apagar y se salvaron los dos generadores.

Una gran anécdota…

Una de tantas (se ríe), nos falta tiempo para contarle todo…

Hablando de tiempo, ¿Seguiría trabajando aquí por más tiempo?

Cuando me digan que me vaya me iré. Cuando me digan “Chuta usted ya no nos sirve como un cabro joven», yo me voy a ir, totalmente satisfecho.

Pero aquí lo tienen bien apreciado, no creo que pase eso…

Bueno algún día será, todo se termina en la vida.

Claro, pero aún tiene ganas de seguir…

Sí, sí. Yo creo que si aún puedo trabajar se debe a que estoy trabajando, porque usted sabe que una persona que ya se va, después no tiene nada que hacer, tiene depresión, se enferma. Lo que le pasó al tractorista, que en paz descanse, no alcanzó a estar un par de años después que se retiró y falleció. Un hombre joven, tenía dos años menos que yo.

Y según su experiencia, ¿Cómo ve el futuro ahora que están haciendo esta planta eólica?

No la conozco, pero cualquier adelanto que se haga es muy bueno, sobre todo en una isla como Melinka. Cualquier adelanto que se haga es lo mejor que puede hacerse en una isla. Y nosotros como isleños, melinkanos, debemos sentirnos orgullosos.

¿Se siente apreciado por parte de sus compañeros como la persona más antigua de la planta?

Aquí somos todos como una familia, con tremendo respeto, con todas las personas que trabajan aquí, con respeto y compañerismo. Es un orgullo trabajar así en una empresa dónde uno trabaja tranquilo sin ninguna preocupación.

¿Le gusta su trabajo?

Me gusta, y ojalá estar todo el tiempo ocupado haciendo algo. Yo en este momento no estoy pasando por un muy buen momento (su mirada se llena de lágrimas, no se le escapa ninguna).

Estoy pasando por algo muy triste, complicado, tengo mi señora muy mal, pero tengo que estar ahí, no se puede echar a morir.

He tenido mucha ayuda si, por parte del administrador y de todos mis compañeros…

Usted me contaba que tenía a dos de sus hijos trabajando aquí

Dos hijos y tres nietos, está toda la familia aquí… (Ríe)

Gracias Don Miguel por darse el tiempo de conversar…

Quedan muchas cosas para conversa, con un mate ahí, en nuestra vida pasan muchas cosas… cómo se trabajaba. ¡Eso era trabajo!

Así, don miguel me extiende su mano, que refleja toda una vida de trabajo, se despide con una sonrisa en ese rostro marcado por los años y continúa su jornada, tan despierto como el joven que era cuando llegó a este pequeño rincón del sur del mundo.